Lejos, en la otra cara de la luna, sin este mundanal ruido que la rodea, envuelves sus sentidos de maneras extrañas, la inventas para traerla de vuelta y la mezclas con la desolada realidad.
Le preguntas a tu corazón si en algún instante del día ella piensa en ti, si percibe tus deseos de traerte de vuelta y si al notarlos, sabe que eres tú.
Te levantas por la mañana y ese primer suspiro es para ella, tu primer pensamiento, y antes de abrir los ojos, la buscas pero no está. Y te preguntas, ¿habrá sentido un cosquilleo en su espalda?
Respiras buscando su aroma, intentando inhalar su perfume, y te preguntas si habrá notado una brisa recorrer su cuello.
Llega la hora de ir a dormir y sueñas que está a tu lado, y desde la otra cara de la luna te cuenta una historia de dragones, de estrellas, de princesas azules, y preguntas si sentirá un susurro en su oído, mientras pronuncias su nombre.
Tocas tus labios secos, por la falta de los suyos, esperando que un día la humedad los llene y te despoje de todos los miedos, y te preguntas ,¿sentirá sus labios quemarse sin razón?
Te preguntas si cuando está dormida siente calor en sus mejillas por el roce de tus caricias, mientras miras esa foto que te hizo dar saltos de alegría, y como cada noche, le das un beso.
Te preguntas si le llegarán los “te quiero” que pronuncias cada madrugada, cuando la imaginas dormida a tu lado.
Te preguntas si serás capaz de luchar contra ese dragón que la tiene secuestrada en una torre aislada, tenebrosa, de la cual quiere salir pero el dragón no le permite ver la luz.
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