miércoles, 15 de abril de 2015

Llueve.

Está lloviendo, escucho a través de las ventanas abiertas como caen las gotas en la carretera y el ruido de las ruedas de los coches al pasar por ella.
Escucho música, pero evito escuchar las que sé que me llevarán a ti, a tu recuerdo, por que duele, y el nudo en la garganta se hace presente y no quiero que rompa, he de ser fuerte.
Me pregunto si alguna vez piensas en mi, si alguna vez has estado a punto de llamar y decir “te echo de menos”, si en algún momento del día mi imagen acude a tu mente y durante un instante recuerdas los planes que teníamos, si miras el teléfono y buscas mi nombre en tu agenda y te dan ganas de llamar para decir “te quiero”. Empieza a llegar la noche y con ella, llegan las preguntas, preguntas que no quiero hacerme, preguntas que lo único que harán será hacerme daño.
Escribo en este blog como si tú no fueras a leerme, como si de este modo pudiese ir dejando salir poco a poco todo el dolor que tengo dentro y que siento por primera vez, y me cuesta luchar  en su contra, mantengo mi mente ocupada, hago mil cosas, pero estoy dentro de mi mundo, un mundo oscuro, vacío, sin emociones, simplemente por que si salgo de él, saber que tú no estás, acabará por matarme del todo.

Escribo como desahogo aunque no sirve de nada, el nudo sigue ahí y sigo negando el nacimiento de las lágrimas, por lo que mi alma me grita, me chilla, se enfada, y se esconde, se esconde en un rincón y sólo se deja abrazar por el corazón, roto en infinitos pedazos, mientras me pregunta, ¿merece la pena que escribas?, ¿merece la pena que sepa cuánto la extrañas y la quieres?, y con estas preguntas, me voy a mi mundo, sabiendo que no encontraré la respuesta. 

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