Soñé que reía, que mi alegría no tenía final y mi dicha traspasaba las fronteras de lo terreno y espiritual, que llegaba a los cielos convertida en un mensaje de satisfacción y plenitud.
Soñé que hablaba al silencio y mis palabras llegaban a los oídos de quien partió ya hace un tiempo, que le decía lo mucho que me hace falta, de lo mucho que le añoro, de lo mucho que siento la falta de sus palabras y cada uno de sus consejos.
Soñé que pedía ayuda a los cielos, a la inmensidad de los mares, al eco de las quebradas, porque muchas veces no sé qué hacer o qué camino tomar.
Soñé que lograba escuchar el rumor de la tormenta, que siempre está al final del horizonte, esperando el mejor momento de descargar su energía sobre la tierra, diciéndote a lo lejos, que me trae un mensaje de esperanza con la lluvia y el viento, porque así el ciclo de la vida vuelve a comenzar como cada uno de mis días y mis sueños.
Anoche... soñé tan solo contigo.