Hola papá, llego el día de tu cumpleaños, lo primero que
hice al despertar fue mirar tu foto, esa que tengo en mi habitación donde estás
sonriendo, esa en la que me veo reflejada por tu manera de mirar, y después me
fui a tu habitación a felicitarte y darte un beso, aunque me imagino que ya lo
sabrás.
En cada cumpleaños, desde que tengo memoria, te he regalado
un libro, un libro que leías tú primero, y según lo terminabas me lo dabas para
que yo lo leyera y comentarlo luego los dos juntos, este año no hay libro, este
año mi regalo es que mis dedos vuelvan a acariciar las teclas, ya sabes que
aparte de mi vida el expresarme de este modo, no me sentía capaz de escribir y
lo único sobre lo que escribía ya sabes que era y preferí guardarme para mi
esos pensamientos.
Algo que echo mucho de menos son nuestras conversaciones,
esas en las que alimentabas mi mente, y me ayudabas a pensar con calma antes de
hablar, porque tú mejor que nadie sabías la velocidad a la que viaja mi mente y
que muchas veces al querer decir algo, mi medio escénico hace que tartamudee y
al querer decir una cosa diga lo contrario, anda que no hemos discutido por
eso. Otra cosa que echo de menos es ver un partido de fútbol contigo, sobre
todo cuando íbamos con equipos diferentes y era normal escuchar a mamá decir “queréis
dejar de decir tacos “ y nos reíamos. Levantarnos súper temprano para no
perdernos una clasificación, una carrera de F1.
Gracias papá, mil y una veces gracias por tanto amor, por
estar siempre ahí, por enseñarme a levantarme detrás de cada caída, por la
educación que me diste, por entender esa sensibilidad que todo el mundo dice
que tengo, por alimentar mi mente, por ser el mejor padre que he podido tener,
gracias papá por quererme tanto desde antes de nacer, gracias por cada uno de
los momentos que pasamos juntos, gracias por quererme incluso cuando podíamos
estar meses sin hablarnos, porque aunque discutiéramos jamás dejamos de
querernos, gracias papá mil y una vez gracias.