La noche se ha
adueñado de todo y ésta es la hora en que quiero escribir, deseo escribir
poniendo en mi lo mejor.
Pienso en ti, mis
ojos buscando tu imagen que no acaba de llegar, mis oídos te escuchan pero tu
voz ya no esta. Por un instante vivo en la nada y eso no me asusta porque tú estas
conmigo y mañana otra vez en ésta oscura sala que nos reúne, en esa realidad.
Pienso en ti
mientras doy vueltas en mi, intentando comprender lo que sientes, mi cuerpo
agotado, se relaja y busca el descanso, pero mi mente sigue trabajando, imaginándote,
preguntándose el porque.
Pienso en ti y la ansiedad y el temor acuden a mi, salen
corriendo de un rincón de mi mente que no quiero mirar, algún pensamiento,
alguna imagen me impulsa a escapar. Estoy dejando que las palabras escapen, que
fluyan en libertad para encontrar la verdad.
Pienso en ti, y me
enfrento a mi misma, “ no debería sentir de ésta manera”, me digo, pero mis
emociones no siguen las leyes de la lógica, porque mi intelecto no sabe lo que
mi alma está sintiendo, ¿hay razones para sentir de éste modo? Son preguntas
que escapan a mi mente.
Pienso en ti,
imagino mil historias, mil conversaciones, mil encuentros contigo, mil bromas
tontas, mil sonrisas tiernas, mil abrazos llenos de cariño, mil caricias que
mitiguen la sed, luego intento escoger la mejor para ti y me quedo con la duda
de saber si la sonrisa ganadora sería capaz de contagiarte y acercarte más a
mi.
Entonces vuelvo a
pensar en ti, con todo el mundo que tú eres, y el mundo que llevas dentro y en
las maravillas que contienes.
Pienso en ti, y
recuerdo tu voz, tu voz que me envuelve, me enternece, tu simple voz…
Pienso en ti en
mis sueños, evocando tu imagen, bebiéndome tu ausencia y a ti